CORAZÓN CORAZA 

MARIO BENEDETTI 

 

(Planeta), 1999. 

 

Introducción de Agustina Roca

 

Mario Benedetti nació en 1920 en Paso de los Toros (Uruguay). Al cumplir cuatro años, la familia se instaló en Montevideo. Benedetti descubrió esa ciudad de pinos, acacias y álamos y aprendió a amarla. Eligió entonces convertirla en el espacio de su poética y de su narrativa: " mostar al mundo cómo era mi casa ". Desde su infancia estableció una fusión esencial entre la experiencia y la palabra, que sería el eje de todos sus textos. En un reportaje concedido al poeta Juan Gelman para la revista Crisis en 1974, Benedetti explicó: " Una vivencia directa puede ser inconmensurablemente enriquecida por la imaginación, pero sin esa vivencia directa, la imaginación puede a veces golpear en el vacío ". Distinguir una de la otra y enriquecerlas constituye uno de los ejes de su oficio literario.

Inquieto y curioso, a los nueve años inició la aventura de la escritura con De capa y espadauna novela horriblemente larga " -según sus propias palabras- inspirada en Los tres mosqueteros . También creó un periódico que repartía entre sus vecinos. Luego de estas dos actividades que perfilaron su temperamento literario, investigó todos los géneros del lenguaje: novela, cuento, poesía, ensayo.

Como Nicolás Guillén, García Lorca o José Hernández, Benedetti dotó al verso de un ritmo que inspiró a muchos compositores: Joan Manuel Serrat musicalizó los poemas de El sur también existe , lo mismo hizo Alberto Favero con Versos para cantar . Muchos interpretaron sus canciones, entre ellos, Nacha Guevara, Daniel Viglietti, Gianfranco Pagliaro y Numa Moraes. Publicó más de 60 libros y fue traducido a 25 lenguas. En el reportaje mencionado Benedetti confesó: " Siempre hubo una gran presión de amigos y críticos para que yo dejara la poesía. A través de los años es no sólo el género en el que he escrito más libros, sino también aquel en el que me siento de algún modo mejor representado ". Dos antologías, tituladas Inventario Uno Inventario Dos reúnen toda su obra poética. Sólo Mientras tanto (1948-1950) es el primer libro incluido. Por sus temas, estos textos reflejan el movimiento lírico de la época, que se alimentaba de las poéticas europeas surgidas en el período de entreguerras. Silenciados los ecos del modernismo, los jóvenes poetas uruguayos de la década del 40 buscaban el camino para encontrar su propia voz. El crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, al referirse a los cambios que se estaban gestando en la década del 50 en Latinoamérica -cambios que culminarían con la revolución cubana- y a la revisión de los postulados modernistas de la Generación del 22, definió a los escritores rioplatenses nacidos entre la década del 20 y del 30 como una generación que entabló un " juicio a los parricidas ".

Mario Benedetti empezó a delinear una poética que se insinuó en Poemas de la oficina (1953-1956) y se afirmó en Poemas hoyporhoy (1958-1961); una estética del prosaísmo que encontraba antecedentes en las obras de Nicolás Guillén (1904), en algunos de los poemas de Manuel Bandeira (1896) y en la cosmovisión de Carlos Drummond de Andrade (1902), ese poeta brasileño que definió como pocos la opresión del hombre urbano. Los chilenos Nicanor Parra (1914) y Gonzalo Rojas (1917), el nicaragüense Ernesto Cardenal (1925), el argentino César Fernández Moreno (1919), el salvadoreño Roque Dalton (1921) y Benedetti, rastrearon las señales de su tiempo y ahondaron en una poética que definía la situación del hombre común, de los " fulanos, menganas y sutanas ", como los llama a menudo Benedetti. Esta estética y esta poética se denominó " antiliteratura " a raíz del primer libro de Nicanor Parra Poemas y Antipoemas, aunque ya existían atisbos de esta rebeldía en el creacionismo de Vicente Huidobro y en la obra de Pablo de Rokha.

Los jóvenes poetas del 50 se empecinaron en demoler las formas, borrar las fronteras entre los géneros y dar al lenguaje el vigor del habla popular. Recurrieron a lo blasfemo, a lo irreverente, a la ironía y al sarcasmo como una forma de desacralizar el arte y ubicarlo en lo cotidiano. En su poema Semántica , Benedetti escribió: " che palabra bajate del walhalla/ tu único porvenir es desolimpizarte ". Se trataba de entablar un nuevo diálogo desde los textos, con lectores-pares; una concepción poética que coincide esencialmente con la afirmación de Lautréamont: " La poesía debe tener como fin la verdad práctica ".

Era aquélla una época efervescente, de acción y utopías, una época en que América Latina emergía con fuerza e implantaba su litertura en los centros de poder literarios. Para todos los escritores del denominado "boom" latinoamericano se podría rescatar una definición dada por Martí en 1839 a los modernistas: " Somos como una familia de América ". Mario Benedetti terminó de ahondar en estas orillas del Plata la brecha abierta por González Tuñón y el grupo Boedo, e instaló con bríos lo conversacional y el prosaísmo en las letras rioplatenses, afirmando postulados que retomará la generación del 60. Con un lenguaje transparente, Benedetti alterna el plano gris de la existencia con zonas más profundas de la conciencia: " Y por eso en esencia/ el poema es un mundo revelado " -escribe- pero brindar su visión del mundo sólo desde la palabra le resultaba insuficiente, necesitaba la acción. Entre 1968 y 1971 dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas en Cuba. En su libro Quemar las naves reflejó sus convicciones políticas y buscó expresarlas en una amplia libertad formal. Se refugió en versos de largo aliento donde omitió toda puntuación. En un ensayo, Literatura y Sociedad , definió su concepción del creador: " Escritores capaces de asumir su realidad, su contorno, y también de inscribirse, con un estilo propio en las corrientes que se encargar de renovar el hecho artístico ". A diferencia de otros intelectuales latinoamericanos, que establecían una línea divisoria entre obra y compromiso, y apoyaron la revolución pero no militaron, Benedetti -como Dalton y Depestre entre otros- se volcó de lleno a la práctica socialista. El escritor Pedro Orgambide señaló en el prólogo de la antología poética de Benedetti publicada por Austral: " Al igual que en Miguel Hernández , Rafael Alberti y Federico García Lorca, en Benedetti el mandato social y político no es extraliterario; surge de una necesidad poética, como respuesta activa, desde la literatura, a los estímulos de lo real ".

Entre 1971 y 1973, Benedetti regresó a " su paisito " -como lo denomina en sus poemas- y dirigió el departamento de Literatura Hispanoamericana en la Faculdad de Humanidades y Ciencias sociales de Montevideo. Al producirse el golpe militar, inició un exilio de doce años. Recayó en Buenos Aires, donde fue amenazado por la Triple A. Huyó a Perú; después de un tiempo de sosiego, lo expulsaron. Se refugió por algunos años en Cuba y terminó su exilio en España. En La casa y el ladrillo (1976-1977) se puede leer la historia de nuestros países. En uno de sus mejores versos define la situación errante de muchos latinamericanos de aquella época: " interrumpe o reanuda/ la fuga o cacería/ de oscuro desenlace ".

La poética de Benedetti es irreverente. En algunos versos recurre a un tono zumbón que busca delatar, aunque por lo general se refugia en un humor que mitiga su melancolía y pesimismo. Sin llegar a producir la revolución lingüística de Girondo, de Vallejo o de Gelman, se permite algunas libertades formales como el neologismo o el encabalgamiento de palabras. En su libro Poemas de otros recurre a heterónimos y esconde su identidad detrás de los nombres de los personajes de sus novelas: Laura Avellaneda y Marín Santomé, protagonistas de La Tregua ; Ramón Budiño, de Gracias por el fuego . En aquel reportaje otorgado a Gelman dijo al respecto: " Tampoco descubro nada con la técnica porque tengo algunos antecesores como Machado, como Pessoa, y como vos mismo, en eso de hacer poemas a partir de personajes inventados ".

Benedetti, como Neruda, Eluard, Molina o Gelman, ha hallado en el amor y la mujer el punto de partida y de llegada de su poética. Podría afirmarse que ha constituido una estética del erotismo: " una mujer desnuda es un enigma/ y siempre es una fiesta descifrarlo ". Benedetti no es un poeta de vanguardia. Su obra es el resultado de un intenso humanismo donde el lector se identifica con la autenticidad del lenguaje y se ve reflejado, como en un juego de espejos, a sí mismo y su contorno histórico. Por eso es uno de los autores más leídos y muchos de sus texto, narrativos o poéticos, fueron trasladados al cine. En uno de sus poemas, el uruguayo cita al italiano Ungaretti: " Busco un país inocente ", un verso, cuatro palabras que cifran la mirada virginal del poeta frente a una realidad que no lo satisface. Esa mirada es la clave de su obra, y de toda la poesía destinada a perdurar.

 

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