DEBÍ DECIR TE AMO 

JUAN GELMAN 

 

(Planeta), 1999. 

 

Introducción de Agustina Roca

 

Juan Gelman nació en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires, en 1930. Sus padres y sus dos hermanos mayores, ucranianos, habían emigrado en 1928: cuando Trotsky fue desterrado tras su expulsión del Partido Comunista, el padre de Gelman consideró que el debate democrático se clausuraba en Rusia, y que era preciso partir en busca de nuevos horizontes.

De boca de su hermano Boris, lector compulsivo, escuchó Juan Gelman el primer poema, uno de Pushkin, en ruso. La magia inasible de ese recitado lo conmovió profundamente. Se sumergió entonces en lo que sería su pasión: la lectura. Devoraba a Garcilaso, Quevedo, Góngora, Lope de Vega. En un diálogo con Tomás Eloy Martínez define así el significado de estas lecturas tempranas: " La poesía era como una hipnosis: me atraían los sonidos por un lado, y por el otro el misterio de algunas palabras incomprensibles ".

En 1948, estudiaba Química en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, las palabras lo seguían encandilando, de modo que abandonó su carrera y decidió emprender el incierto destino de la poesía. Formó un grupo, El pan duro , junto a Héctor Negro, Julio César Silvain, Hugo di Taranto. Hacían recitales con el fin de recaudar dinero para la edición de sus libros. En uno de esos recitales, realizado en el Teatro de la Máscara, en Paseo Colón y Belgrano, conoció a González Tuñón, quien luego se convertiría -junto a otro poeta del grupo de Boedo, José Portogalo- en su padre literario. En Un collar de obsesiones , el informe compilado por Jorge Boccanera, Gelman desliza: " Creo que nos acercamos a ellos por casualidad. Eran poetas que practicaban lo que se ha dado en llamar el compromiso social de la poesía, y nuestro grupo entendía que la poesía debía cumplir una función en ese sentido" .

Los tres primeros libros de Gelman, Violín y Otras cuestiones (1956), El juego en que andamos (1956-1958) y Velorio del solo (1961) confirman la obsesión del poeta por reflejar -como Vallejo, otro de los maestros- el habla popular. Esta vertiente, mechada con un lirismo a borbotones, produce un estilo y una voz inconfundible -e ineludible- en la poesía argentina. A Gelman, particularmente escéptico en cuanto a las etiquetas generacionales, se lo vincula con la generación del 60, aunque -cómo sucede con todas las grandes voces- transgreda totalmente los postulados iniciales del 60.

Para establecer un diálogo profundo con el lector, Gelman apunta a expresar un "yo" que contenga ecos de otras voces, como lo hicieron González Tuñón, Vallejo, Lautréamont. En un poema, hablando de estos poetas, define su aspiración: " tenían el yo lleno de gente/ y walt whitman también ". "walt whitman", en minúscula, como aparecen todos los nombres propios en su obra: una forma de quebrar la identidad en busca de una voz colectiva.

En Cólera Buey (1962-1969) -un clásico de la poesía argentina- Gelman alcanza su madurez poética. Sin embargo, agobiado por el intimismo de sus primeras secciones, decide quebrar este tono recurriendo a una serie de máscaras para ocultar su propio yo. Inventa entonces nuevas identidades, o heterónimos: Traducciones I. Los poemas de John Wendell Traducciones II Los poemas de Jamanokuchi Ando , escritos entre 1965 y 1968. Bajo otros nombres y detrás del engañoso disfraz de falsas traducciones, Gelman se distancia de su yo, busca salir del empantanamiento y emprende una nueva ruta en el lenguaje, que alcanza su mayor esplendor en Traducciones III. Los poemas de Sidney West (1968-1969), para muchos críticos el mejor libro de Gelman.Este texto se emparenta, en su tono épico, con la Antología de Spoon River (1915) de Edgar Lee Masters: Sidney West (Juan Gelman) parece un testigo que va delatando con ironía las vidas grises de hombres de Spoker Hill o de Melody Spring. Y su necesidad de aferrarse con uñas y dientes antes de que llegue la muerte.

La poética de Gelman tiene una característica: cada libro investiga a fondo una obsesión -cómo él mismo las define- y produce una renovación de su propia voz. A pesar de esta ruptura, su obra puede considerarse también un poema abierto, en expansión, al que se puede ingresar desde cualquier verso, olvidándose de la cronología. Porque la médula de su poética, la verdadera materia de sus textos, es el lenguaje. Gelman es un transgresor de la palabra: la repite, la encabalga en otra, convierte un verbo en sustantivo, altera los géneros y la conjugación de los verbos, como Vallejo en Trilce o Girondo en La masmédula . En aquel reportaje concedido a Eloy Martínez, Gelman cuenta el origen de su revolución lingüística: " Sucede que yo me sentía "enchalecado", tal vez como reflejo del "enchalecamiento" de los tiempos (década del 60). Trataba de respirar un aire más libre. Todavía ahora siguen saliéndome violaciones de esa especie, aunque ya no las busco. En esa época sí: era como una fiebre ".

En Hacia el sur (1982), recurre nuevamente a esconderse bajo el nombre de poetas ficticios. Esta vez no utiliza el mecanismo para alejarse de su intimismo sino para dar vida a dos poetas desaparecidos. Hacia el sur se divide en tres secciones: 15 poemas pertenecen a juan gelman; 17 a josé galván -desaparecido en 1978- y 16 a julio grecco, asesinado en 1976. Los nombres elegidos tienen las iniciales del autor y funcionan como símbolos, como si a través de ellos quisiera rescatar a sus familiares y amigos desaparecidos: su hijo, Marcelo Ariel y su mujer embarazada, Haroldo Conti, Paco Urondo, Rodolfo Walsh.

Desde el destierro, Gelman se vuelca a la lectura de los místicos españoles: San Juan de la Cruz, Santa Teresa, ambos de origen judeocristiano. Encuentra en estas voces los ecos de su propio exilio. Los místicos convocan la presencia de Dios en su ausencia; él, el olor de la tierra lejana. En estos diálogos busca investigar el español del siglo XVI, con su enigma de caminos abiertos, para recuperar el candor primitivo de la lengua. 
En Composiciones se sumerge en la traducción de otros poetas, en su mayor parte hebreos. El título (com/poner) sugiere una definición de la traducción. El exilio es el hilo conductor de estos textos: " estoy preso en mi soledad de vos/ sin padre ni madre/ ni agua ni pan/ desnudo al sol de tu distancia ".

También a este afán por remar y bucear en el español de siglos pasados responde Dibaxu (1983-1985), poemario que parece la culminación del proceso de investigación del español del siglo XVI. Son 29 poemas escritos en ladino -dialecto judeoespañol- traducidos por él al castellano.

En 1997 Juan Gelman recibió el Premio Nacional de Poesía y publicó un nuevo volumen de poemas, Incompletamente , que confirma la mágica intensidad de su poesía, siempre nueva y siempre igual a sí misma. En El oficio del poeta , ensayo al que Gelman se refirió en algunas oportunidades, Cesare Pavese afirma: " La poesía que estamos a punto de escribir abrirá las puertas a nuestra capacidad de crear, y pasaremos por esas puertas -haremos otras poesías-, explotaremos el cambio y lo dejaremos agotado. Eso es lo esencial" . Un proceso creativo, casi virginal, similar al que tiene Gelman frente a la página en blanco. Gelman, bajo todos sus nombres posibles y luego de todas y cada una de las rupturas, es, sin duda, uno de los mayores poetas de habla hispana.

 

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