El ojo del llano

Comentario publicado en Revista Letras
por Mónica Ottino


de AGUSTINA ROCA
Ediciones Libros de Tierra Firme.
76 páginas. Buenos Aires, 1987  

Ningún prosista sensato puede darse el lujo de ignorar a los poetas. Ellos tienen el dolorosa privilegio de embestir al lenguaje, recrearlo, fingir desprecio o respeto ante sus códigos y regulaciones o conseguir efectos imprevisibles tomando el significado de las palabras al pie de la letra. Este material valiosísimo debería ser estudiado por cualquier narrador que desee ser testigo y beneficiario de esta lucha y que, quién sabe, tal vez en el camino pueda robar algo.

La elección de una frase de Li Po como epígrafe de la primera parte de "El ojo del llano" hace pensar que hay en Agustina Roca la sospecha de que la realidad no es tan sólida como nos parece. Dice Li Po: "Si la vida es un gransueño, ¿para qué atormentarse ?", tal vez el mundo sea sólo una ilusión y el sujeto que lo percibe su único sustento real. El segundo epígrafe tiene un efecto gozoso: "Y el amor está en el mundo para olvidar al mundo", se justifica luego en poemas eróticos llenos de una sensualidad pagana y ceremonial.

Volvamos al trabajo del poeta: "te encomiendan / un destino de sombras / para rastrear / las piedras del camino ". Y más adelante "en la desnudez / de la hoja / construyes / un refugio de palabras ". En materia de definiciones, aunque sería una insolencia pedírselas a un poeta, leemos: " Poesía / aliento / de la música / en el universo / de lo insondable".

Parece que Agustina Roca ve a la poesía como una vertiginosa, necesaria invasión a lo indecible, a todo lo que en apariencia está mas allá del lenguaje, que es irónicamente, el único instrumento con el que cuenta el poeta, sin embargo "el poeta tiñe / al mundo / con su inocencia / bucea en las palabras / su sonido original / canto de pájaros / cadencia del alma". Como Ungaretti, a quien se cita, se busca a través de la poesía un país inocente, con la desesperada humildad del que conoce las dificultades de la empresa. Si en alguna zona del espíritu humano ese país existe en el que podamos liberarnos de nuestra perpetua malversación del lenguaje y de los sentimientos, serán los poetas, como siempre, los primeros en llegar.

No todo está dicho para cantarle al amor: "el universo / canta / en el sudor / de dos pieles / que celebran / la danza / de estar vivos ". Y más adelante: "Ha pasado / el invierno / sobrevivimos / nuestros cuerpos náufragos / se tiran al sol / en busca / de alguna respuesta / en la complicidad / de la arena".

Los fragmentos en prosa de "El ojo del llano" rememoran sin sentimentalismo, una infancia en la pampa. Agustina Roca oscila entre la prosa poética y el ensayo y recuerda "esos mares de pastos y arenales: eterno infinito, boca del mundo abierta al universo, lengua que se repliega en sí misma y crea un lenguaje con sabor a membrillos, atardeceres y trigales".

No son casuales las referencias a Juan L. Ortiz, a Molinari o a Emily Dickinson; todos ellos apegados a su tierra, que como los seres queridos tienen sus luces y sus sombras. Hay referencias menudas, íntimas, como aquéllas de quien habla consigo mismo, con gran ternura, apresando en la creación literaria los recuerdos de infancia, cada vez más frágiles y lejanos.

La poesía de Agustina Roca, anunciada ya en "Rituales", su libro anterior, se hace cada vez más clara y límpida.